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Voluntad de hierro

El triatlón es uno de los deportes más exigentes que existen. En él convergen tres disciplinas deportivas: natación,  ciclismo y carrera a pie. Su práctica, obliga a mantener un severo calendario de entrenamientos para poder hacer frente a las exigentes condiciones de las pruebas, tanto físicas como psicológicas. En nuestra Villa son muchos los deportistas qué, de una manera u otra, practican este deporte, a día de hoy.

Pero para encontrar un punto de partida, nos tendríamos que trasladar varias décadas atrás y recordar los primeros pasos en esta disciplina de un balmasedano. Corría el año 88 cuando Pedro Zorrilla, decidió abrir la brecha e introducir este deporte en nuestra Villa “Cuando aquello, apenas había carreras, ni tan siquiera había una federación. Nosotros dependíamos de la federación de ciclismo para competir. Yo fui el primer balmasedano que practicó esta disciplina y conmigo se apuntaron Pedro Galarza y “El Peque” ambos de Zalla” .Nos comenta Pedro con cierta nostalgia “Era muy complicado. Ahora hay muchos más medios. Ha evolucionado mucho, tanto a nivel de pruebas, como de recursos, técnica… Nosotros fuimos los pioneros y pusimos la primera piedra, para que hoy en día sea un deporte tan extendido”.

Pedro participó durante dos años en la alta competición e incluso llegó a obtener un octavo puesto en el campeonato de España celebrado en Santander.

Desde ese lejano 1988 hasta nuestros días, donde cabe destacar las actuaciones de ´los Balmasedanos de adopción Javi Ibarrola (con más de 25 años en el mundo del Triatlón y dos IronMan a sus espaldas) y Joseba Plágaro (sexta posición, en el Triatlón olímpico de Bilbao, Mayo 2016), muchas han sido las aventuras, anécdotas e historias que este deporte nos ha deparado, pero es, quizás, la aventura de Mikel de La Fuente e Iñigo Ramos, la más épica de todas ellas. No en vano, fueron ellos quienes consiguieron realizar, la proeza de concluir la mayor expresión de esta disciplina, el “IronMan”, sin haber realizado nunca ningún triatlón previo. Hoy os acercamos a estos dos Balmasedanos, dos locos para muchos, y una historia de superación que a ratos roza lo épico y a ratos bordea lo irrazonable…

En efecto, nuestros dos protagonistas, realizaron el pasado año la proeza de concluir el IronMan de Lanzarote, sin experiencia, sin asesoramiento, sin apenas material… Con la ilusión por montera y sin casi tiempo para reponerse acaban de hacer público su nuevo reto: el UltraMan UMUK, que se celebrará en Gales el próximo Septiembre y en el que tendrán que realizar la muy noble tarea de nadar 10 km, correr en bicicleta 420,2 Km y correr a pie 82,3km.

Mikel e Iñigo acuden a la cita ataviados con sus respectivos maillots. Acaban de bajarse de la bicicleta y no han tenido ni tiempo para ducharse “Lo peor de todo es siempre el tiempo. Apenas tenemos tiempo de nada. El entrenamiento nos absorbe casi todo nuestro tiempo libre”

Sus caras están afiladas y los maillots ciñen unos cuerpos donde apenas existe volumen. ¿Os estáis quedando en los huesos?

Iñigo: Hace año y pico, fui a Marruecos de viaje y me pesé. Pesaba 85,6 Kg. Ahora peso 66 kg. Pero una cosa si os voy a decir ¡Comemos como caballos!

Para aquellos que no estén habituados al mundo deportivo, debemos resaltar que un IronMan consiste en nadar 3,86 km., recorrer en bicicleta 180 km. y realizar 42,2 km. de carrera a pie. Todo seguido y con un tiempo máximo de 17 horas. Siendo dos personas que nunca habíais hecho Triatlón, cuesta mucho entender cómo surge la idea…

Iñigo: Te refieres a ¿Cómo nació esta locura?

Mikel: Más que nada, lo hicimos por salir un poco de la rutina. Nos habíamos anclado en una rutina muy peligrosa: Salir de pintxo pote, viernes y sábado por la noche de fiesta y domingos zuritear y dijimos ¡Hay que dar un vuelco a esto ó acabamos enterrados!  

La filosofía se entiende pero la dimensión del envite parece desproporcionada a todas luces…

Mikel: Nos motivaba mucho la historia de Valentí San Juan, quién dos meses antes de que se celebrara este triatlón decidió que lo competiría. Superó los obstáculos de apuntarse con las inscripciones cerradas, de conseguir material y de taparse las orejas ante todo aquel que le advertía que nunca lo conseguiría, que no llegaría en 17 horas -plazo máximo para acabarlo-. Pero lo acabó. En 12 horas y 55 minutos.

Iñigo: Nosotros buscábamos una motivación fuerte. No valía algo pequeño. Un IronMan es un reto tan grande, que sabes que puedes fallar; que tienes que dar todo de tu parte y que si no estás al 100% no lo consigues. Aquí hay que asumir riesgos y eso era precisamente lo que nosotros necesitábamos.

Entonces de la noche a la mañana, el deporte aparece en vuestras vidas…

Iñigo: No, no, no… Nosotros siempre hemos hecho deporte. Yo bici y pelota y Mikel fútbol  principalmente. Yo dejé la bicicleta en segundo año de aficionados. El deporte ha estado siempre ahí…

Mikel: Los últimos 5 años no habíamos tenido apenas contacto con el deporte. Como os hemos comentado manejábamos unas tragedias terribles (Risas). Veníamos de Ibiza tras unas vacaciones locas, empalmamos con fiestas de Zalla y nos metimos en un círculo muy malo. Fue una manera de salir de ese círculo o sales de ahí o se te presenta un mal futuro… Entonces nos planteamos hacer el IronMan.

¿Cuánto tiempo pasa, desde que tomáis la decisión hasta la carrera?

Mikel: Siete meses exactos

¿Qué es lo primero que hacéis entonces? ¿Cómo cambia vuestra vida después de tomar tamaña decisión?

Iñigo: Como no podía ser de otra manera. Lo primero que hicimos fue otra burrada. Estábamos pensando si seríamos capaces ó no de hacerlo y se nos ocurrió la brillante idea de correr dando vueltas al pueblo a ver lo que aguantábamos.

Mikel: La gente nos decía ¿Cuándo paráis? Y nosotros vuelta y vuelta por el bidegorri desde la Penilla hasta el Cristo. Hicimos 30 km ¡Esa sí que fue una auténtica locura, casi más que la del IronMan! Estuvimos una semana con las rodillas destrozadas…

Íñigo: Yo casi dos.

Por regla general, los deportistas tienen unos planes de entrenamiento, médicos…

Iñigo: Nosotros hicimos a ojo. Un poco por sensaciones. Sí que lees cosas, pero nos fiábamos más de nuestro instinto. Ahora hacemos igual, cada uno entrena diferente, porque nadie se conoce mejor que uno mismo.

Mikel: Yo no había cogido la bici hasta el año pasado.

Iñigo: El primer día fuimos a Kolitza y se quería dar la vuelta en cada curva. No habíamos llegado a Pandozales y ya se quería volver (Risas) Al final le convencí y  llegamos hasta la pista, pero allí se dio la vuelta.

Mikel: Para mí la bici es lo más duro. A mí me duelen las piernas en bici desde la primera pedalada. Mis músculos no están diseñados para eso.

Iñigo: En cuanto a médicos… Usamos el de la seguridad social para los análisis y sí que bajamos a un privado, para hacer una prueba de esfuerzo.

Pero algún planning de entrenamientos sí que tiene que haber detrás…

Iñigo: Por supuesto. Nosotros entrenamos mucho, tanto el año pasado para hacer el IronMan, como este año para realizar el UltraMan.

Mikel: Son entrenamientos diferentes, el IronMan, es todo seguido y tienes que entrenar transiciones de un deporte a otro y sobre todo acostumbrar al cuerpo a pasar de manera continua de una disciplina a otra. Primero nadar, luego seguido bicicleta y por último hacer una maratón. El UltraMan se hace en tres días, no es necesario mezclar en el mismo día dos disciplinas: bici y correr o nadar y correr. Lo que hacemos es una transición larga de cada disciplina a la semana mínimo y luego incidir en los aspectos que más nos cuestan. Yo por ejemplo intento todas las semanas hacer, por lo menos, un día de dos horas o dos horas y media nadando; otro día 160-180 km en bicicleta y por último 30 km corriendo.

¿Y cuáles son los aspectos en los que tenéis que incidir cada uno?

Iñigo: Por mi parte, el agua. Yo estoy trabajando en Suiza y este invierno hemos tenido la piscina cerrada, solo he entrenado en el agua, los días que he venido a Balma. Y Mikel seguramente la bicicleta será lo que más miedo le dé.

Mikel: No es miedo… Lo que sucede es que en la prueba tienes que estar muy concentrado para sufrir. Hay que pensar que nadando estás una hora, corriendo 4 horas, pero en bicicleta hay que estar 6 horas… Mi temor es por el tiempo.

Habláis mucho de sufrimiento…

Mikel: La gente está muy equivocada. La gente piensa que entrenas y que luego lo haces muy fácil. No se da cuenta de que nosotros, sufrimos desde el principio hasta el final. La satisfacción viene por otro lado, pero es un sufrir increíble. Hay que estar muy concentrado para no hundirse. Hay que ser muy fuerte psicológicamente.

Ese es uno de los apartados más desconocidos, la preparación Psicológica.

Mikel: Y casi el más importante. Además con tantas burradas y tantos entrenamientos tienes un vaivén emocional que tan pronto estás arriba, cómo estás abajo. Es muy difícil estabilizarse. Se necesita  mucha concentración.

¿Eso se paga en el día a día?

Mikel: Por supuesto…tiendes a alejarte de tu gente. Yo me he vuelto un ermitaño, casi ni salgo de casa.

Iñigo: Eso depende del carácter de cada uno. Yo cada día necesito más a la gente y he seguido igual que antes.

Nos lo estáis poniendo un poco crudo ¿Igual hay que regresar a la fiesta?

Mikel: Una cosa tenemos clara. ¡El deporte a este nivel es malo! Es peor que la fiesta. Incluso me atrevería a decir que, seguro, tendrá consecuencias: principalmente en articulaciones.

Bueno finalmente realizasteis la gesta y eso seguro que hace olvidar todos los males…

Mikel: Si yo no hubiese terminado, habría sido la peor semana de mi vida y en cambio se convirtió en la mejor. Es un riesgo que asumimos, pero apostamos fuerte y también podía haber salido mal.

Ya hemos interiorizado que el entrenamiento es muy duro y extremo. Hablemos de la experiencia. ¿Qué os encontráis al llegar a Lanzarote? ¿Cómo se viven los días previos? ¿El día de la prueba?

Iñigo: Llegamos y hacía un viento terrible. Nos dio unas sensaciones malísimas, de hecho, yo no había tenido dudas en ningún momento. Pero al ver aquel viento me vinieron todas de golpe.

¿No estabais seguros de si podríais superar el reto?

 

Iñigo: Sí, sí… Yo completamente seguro hasta que llegamos allí.

Mikel: Yo tenía más dudas. Tenemos caracteres diferentes. Yo me como la cabeza mucho. Por ejemplo, unos días antes yo fui a alquilar unos neoprenos para la prueba de agua y el vendedor me preguntó que para qué los queríamos. Yo le dije la verdad, que para hacer un IronMan y nos puso… Que si estáis locos, os van a hacer ampollas, llagas, heridas, que si hay que acostumbrar al cuerpo al neopreno… Entonces yo le llamé a Iñigo y le conté –Oye que aquí dicen que es imposible que lo hagamos- y me acojoné.

Pero ¿Haríais algún test antes, alguna prueba?

Iñigo: No hicimos ninguna otra prueba, porque no queríamos tener datos. Si haces pruebas sabes cómo estás; sabes si puedes fallar. Nosotros fuimos con la duda, la ilusión y lo planteamos como un reto que no se iba a desvelar hasta el final. Fuimos a por todas. Asumimos riesgos y esa es sin duda la parte más bonita de la historia. Nosotros no estamos diseñados para hacerlo cómo lo hace el resto.

Mikel: Nosotros llegamos allí y no habíamos hecho nunca ni un maratón, ni un triatlón ni nada de eso.

Entonces, llegáis allí, sin haber utilizado nunca un neopreno, sin experiencia en Triatlones… Paco Martínez Soria en la ciudad…

Mikel: Yo que soy muy de Balmaseda, muy de pueblo. Cuando llegamos allí nos acojonamos. Tenían todos un material de la leche, unas bicis terribles. Yo iba con la mía de entrenar que me acaba de comprar pero aquello era un hierro.

Iñigo: Yo alquile allí una. Para mí fue desmotivante ver el material que tenía todo el mundo. Nosotros decíamos -¿Qué hacemos aquí?- Íbamos a entrenar los días previos y la gente nos pasaba como balas. Contábamos que no habíamos usado nunca el neopreno y la gente alucinaba… Otra vez con la cantinela -Te va a hacer heridas, te va a hacer llagas. Los compañeros te generaban mil dudas.

Mikel: Yo, por ejemplo, no pude dormir el día antes de la prueba. Imaginaos, al día siguiente una paliza tremenda y yo sin descansar.

Y la gente, vuestro entorno, el Balmasedano de a pie ¿Tenían dudas?

Iñigo: La gente nos apoyó mucho, pero sí es cierto que casi nadie daba un duro por nosotros. De hecho hubo muchas apuestas. Yo le decía a mi hermano -¡Apuesta por nosotros que lo hacemos fijo!- Y a cuenta de eso, ganó un montón de cenas.

Llega el día de la prueba, los nervios, las dudas… ¿desaparecen o se agrandan?

Mikel: Todo desaparece. Ahí estás sólo tú y tu reto. Un cara a cara.

Iñigo: Os vamos a decir que incluso, no nos dimos cuenta ni de si hacía viento. Nos lo dijeron después. Nos contaron que había sido uno de los años más duros por el tema del viento.

Entre toda esa vorágine de deportistas de alta gama ¿Cómo os sentisteis?

Mikel: Muy a gusto. Si que se notan las diferencias en el material. Os voy a contar una anécdota. La gente que practica triatlones, tiene un peto especial de Triatleta que no es necesario quitarse cuando sales del agua y haces la transición con la bicicleta. Nosotros no llevábamos nada de eso. Así que yo me puse en pelotas allí y había unas chicas echando crema para las rozaduras y yo no hacía más que pensar -¡A mí que no me echen crema que no acabo la carrera!- Hay que mantener la concentración (Risas)

Finalmente, superasteis el reto y lo hicisteis juntos…

Iñigo: Nosotros teníamos claro que la íbamos a acabar juntos, de hecho el momento más especial fue cuando nos encontramos en la carrera a pie. Ahí empiezas a asimilar que lo vas a conseguir y que todo lo que has sacrificado, todo tu esfuerzo tiene una recompensa.

Mikel: Cuando acabamos, nos dimos cuenta de que el que lo hace en 8 horas tiene un mérito de la leche, pero que hay otras formas y que no siempre se trata de ganar. Hay gente que lo hace en 17 horas y esa gente tiene un mérito tremendo. Nosotros estábamos cenando y todavía veíamos a la gente pasar y pensábamos en lo que les quedaba todavía y solo podíamos decir ¡Vaya mérito!

Habéis sido tremendamente mediáticos con este IronMan.

Iñigo: La verdad es que no esperábamos tener tanta repercusión, que nos llamaran tanto para entrevistas, que apareciéramos en prensa. Eso la verdad es que nos ha sorprendido, pero nos ha facilitado el camino económico para el siguiente reto.

Económicamente suponemos que será una gran inversión…

Mikel: Tremenda. Ya no sólo en cuanto a inscripciones y viajes. Hay que comprar todo el material. Yo no tenía ni bicicleta. Mantenimiento. La comida también es diferente… Todo son gastos.

Esta vez tenemos entendido que ha sido diferente…

Iñigo: Nuestra primera intención era ir al UltraMan de Canadá, pero no nos cuadraba económicamente. Hicimos cálculos y necesitábamos 30000€. Date cuenta que en un UltraMan, es obligatorio llevar acompañante, así que somos 4 personas. Así que al final nos planteamos ir a Gales, en furgoneta. El deporte cuesta muy caro.

¿Cuanto cuesta la inscripción?

Mikel: La inscripción unos 800 €

Iñigo: Este año todo es mucho más caro y entonces nos planteamos hacer una pequeña campaña, para recoger algo de dinero de establecimientos locales. Pero la verdad es que no teníamos mucha fe. Afortunadamente estábamos equivocados. Ivan y Johanna, distribuidores independientes de Herbalife, se dirigieron a nosotros y nos dijeron que estaban muy interesados en nuestro proyecto y la verdad es que el espaldarazo económico que nos han dado ha resultado determinante. Da gusto encontrar gente como ellos que desde un principio han creído en nosotros y nos han dado todo tipo de facilidades.

Mikel: Además nosotros somos muy de Balma y nos encantaría llevar algún distintivo de aquí y estamos en contacto con la concejalía de deportes para ver si podemos materializarlo.

Parecía que la locura tenía un límite en el IronMan, pero le habéis dado una vuelta de rosca completa. El UltraMan 10 km nadando, 420,2 Km en bici y 82,3km corriendo. ¿Cuántos locos vais a esa carrera?

Iñigo: A estas pruebas se apunta muy poca gente. De momento estamos nueve o diez apuntados pero llegaremos a ser una quincena. Quince locos.

¿En qué se parece al anterior reto?

Iñigo: Se parece porque surge de una manera similar. Estando en Barcelona de fiesta se lo comenté a Mikel y luego otra vez en Ibiza se lo volví a decir y al final nos calentamos…. ¡Y aquí estamos!

Mikel: Pero estamos planteándonoslo de manera diferente. En este estamos haciendo cosas. Pruebas intermedias que no te hacen jugarte toda la inversión de tiempo y esfuerzo a una sola carta. Hemos ido al maratón de Barcelona, al medio IronMan de Bilbao en Junio vamos a hacer la travesía desde Santurce a Bilbao a nado…

Y ¿Como son las sensaciones tras estas pruebas?

Iñigo: Muy positivas. ¡Estamos como motos!

Mikel: Nosotros seguimos siendo los mismos. Hacemos las cosas a nuestra manera. Yo por ejemplo el otro día en el maratón de Barcelona, no llevé ni pulsómetro, ni reloj… Corrí sin referencias. Salí. Le di fuerte y acabé. Total 2h52’. Yo no sabía si estaba bien ó mal. Luego la gente te dice que es un buen tiempo y poco a poco interiorizas que estas fuerte.

Os quedan tres meses. ¿Cómo lo lleváis?

Iñigo: Muy bien. Estamos muy motivados, con muchas ganas y convencidos.

Mikel: Además, esta vez esperamos llevar un séquito de diez personas y eso para nosotros es un subidón.

Por último ¿Habéis pensado que hacer cuando esto acabe?

Mikel: Yo quiero correr. Mi tío tiene 2h37’ en el maratón y ese puede ser un gran y difícil objetivo. Correr es algo que me gusta más, pero también echo de menos recuperar la normalidad, tener más tiempo, estar con mi gente…

Iñigo: Mi novia dice -¡Esta es la última!- Yo siempre he dicho que el círculo se cerraba aquí. Yo quiero descansar, pero luego ya veremos…

Los dos se miran y sus miradas delatan nuevos retos futuros. La caja de pandora se ha destapado y de ella brotarán mil y una aventuras…

Nos despedimos con un hasta pronto, hasta encontrarnos con la veloz silueta de estos dos balmasedanos, subidos en su bicicleta; adivinar su presencia tras las traslucidas aguas de la piscina o escuchar sus pasos corriendo por la calzada. Ellos nos demostraron, que cualquiera puede, que basta proponérselo para conseguirlo; que al final del camino existe una recompensa para aquellos que por un sueño hicieron del sacrificio una bandera, sin nada más a cambio que la satisfacción por cruzar la meta.

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